Una campaña de carteles contra la violencia de género para las fiestas de verano de tres municipios del País Vasco. El reto: crear algo que llegara realmente a jóvenes de 18 a 23 años en un contexto festivo — no un mensaje genérico de sensibilización, sino algo con suficiente fuerza visual para detener a la gente en medio de la celebración.
El diseño usó la abstracción y el contraste para generar incomodidad sin ser didáctico. El resultado fue un cartel que se difundió de forma orgánica en redes sociales, compartido por las propias asistentes — extendiendo una campaña sin presupuesto digital mucho más allá de su alcance original.



























